Iván Gastañaga: “La herida del abandono cicatriza, pero no desaparece nunca”

Recuerdo que estábamos en la playa, el festival de escritores de Puerto Rico había terminado y al día siguiente regresábamos a España. Parecía que ya no teníamos nada de qué hablar después de aquellos días tan intensos. Me equivocaba. Mientras esperábamos al almuerzo, uno de los autores nos contó que uno de sus hijos había sido uno de los últimos niños rusos adoptados por españoles. En esa conversación había una persona que permaneció callada, y que, curiosamente, había tenido un papel importante en la adopción del primer niño ruso por una familia española. El primero y el último; la literatura cerrando un círculo. La vida de ese primer niño, que llegó a Cantabria desde Moscú, acaba de emerger en forma de libro hace apenas un mes.

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