Mayte Aparisi: “Umberto Eco fue un medievalista en hibernación”

La Navidad en Monte Cerignone fue una gran fiesta. Durante cuatro décadas, Umberto Eco se reunió en su casa de campo, en la región de Las Marcas, con un grupo reducido de amigos para celebrar la vida. Eco recitaba a Dante, se disfrazaba de fraile y hasta se atrevía con el claqué como si fuera Fred Astaire. Su compañera de baile en esa última noche del año, su Ginger Rogers, era siempre la semióloga argentina Lucrecia Escudero, la discípula que escapó de la dictadura de Videla para asistir a su seminario de Bolonia.

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