La sonrisa de la esfinge
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No se lo desea a nadie, dice el muy gilipollas. El maltrato sufrido por su novia en Egipto. Iban por la calle y los hombres la miraban con intolerable violencia ocular. Incluso le decían cosas en árabe. Groserías, supone, y ella se sentía incómoda e intimidada.



























































